
Por Jesús Galera Peral
A mis compañer@s de DREM, que me han ido dejando cosas con el roce del tiempo.
A veces el camino de los dedos es puro azar.
A veces el camino resulta largo y su respiración se vuelve extraña y fatigosa.
A veces el camino se hace con palabras.
A veces el camino se llena de curvas sin sentido
A veces el camino nos arroja a un bucle infinito de sentimientos y de realidades extrañas.
A veces el camino se anda sobre lo andado.
A veces el camino nos descubre cosas que pasaron.
A veces el camino miente.
A veces el caminos duele.
A veces el camino fluye.
A veces el camino es una pura obsesión.
Pura obsesión por las palabras.
Por las palabras escritas en un cristal dolorosamente transparente.
Dolorosamente transparente y frágil.
Frágil, esa es la palabra.
Comienza un diálogo de dos sobre un puente profundo y frágil.
– Mirame. Quiero que me mires siempre.
– ¿Te asusta mirar hacia abajo?
– Sí.
– ¿Oyes lo frágiles que somos?
– Solo oigo un inmenso vacío y lo fácil que sería romperse.
– Solo sientes lo que el azar puede hacer de nosotros.
Silencio
– No te calles.
– No me sueltes la mano.
– Tengo miedo del silencio.
– No te la soltaré. Sígueme, este camino lo haremos juntos.
Y las palabras terminan aquí, precipitándose al destino de unos dedos vagos y caprichosos.
Telón y oscuro salvador.

